¿Qué castillo quieres ser?


¿Qué tipo de castillo quieres ser? Debes saber que dentro de los castillos se respira el aire que respiran sus moradores. Si quieres ser un castillo en el que habite la paz, el orden y la armonía tendrás que vigilar que quien acceda a él o lo habite contribuya a mantener o, mejor aún, incrementar estos atributos. Esto que parece sencillo de comprender, muchas personas no lo entendemos bien.
La mayoría de los castillos son “de puertas abiertas”, de “libre acceso” y dentro de ellos, por tanto, se respira el aire de los moradores que el azar haya podido llevarles. No tienen servicio de control de acceso, ni tampoco policía interna que controle, y expulse en su caso, a todo lo que altere su orden. Sus gobernantes no gobiernan.
Para ser un castillo en plenitud, debe existir una voluntad de gobierno orientado a impedir los accesos indeseados ya sea a través del fortalecimiento de sus muros y del control de acceso de cualquiera de las puertas de entrada. También será necesario mantener vivo y efectivo un sistema de vigilancia interna que impida las degradaciones que pudieran alterar el equilibrio y la armonía interna de nuestro castillo.
Por ahí fuera hay muchas cosas que pueden beneficiar tu pretensión de ser un castillo en plenitud, pero también hay otras que pueden perjudicarla. No es una buena solución cerrarse a todo, o alejarte lo suficiente para que nadie te visite; no. Valdrá con quedarse en medio de todos y de todo para beneficiarnos de sus posibles influencias positivas pero manteniendo simepre activo un buen sistema de admisión y control para tus moradores.
Estas son las condiciones que deberás tener en cuenta como gobernante de tu castillo: Tú decides quiénes son tus moradores y cuál es el aire que se respira en tu interior. Tú decides cómo deben estar tus células, y cuáles deben ser tus pensamientos y obras.
Fíjate, no se trata de muchos ni de pocos; más bien se trata de calidad: Todo aquello que contribuya al buen gobierno de tu castillo, a tu orden, tu armonía y tu equilibrio, debe ser aceptado, el resto debe ser desechado o expulsado. Así de sencillo.

Por supuesto, que nadie te diga nada sobre las admisiones o expulsiones de tu castillo. Tu castillo eres tú; y sólo tú debes gobernarlo.
¿Cómo puede ser esto de que otros gobiernen castillos que no le pertenecen?... Lo es.
Los “críticos”, los “consejeros”, los “expertos”, los “gobernantes” deciden por tí lo que debes aceptar y qué no. Qué libro leer, qué obra de teatro ver, qué museo visitar, qué ropa vestir, qué canción oir… Existe una legión de ellos que tratan, y por desgracia lo consiguen, de imponer sus criterios de gobierno en castillos ajenos.
Mirar nuestra brújula interna nos hará celosos gobernantes de nuestro castillo y fomentará nuestro criterio personal que sabrá aconsejarnos las decisiones de gobierno.
Recuerda dos cosas: (1) No renuncies al gobierno de tu castillo y (2) Procura que en tu castillo se respire siempre un aire de plenitud.

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